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Trabajo voluntario sobre la película:
El tema del que surge: la necesidad de la Filosofía para romper prejuicios. En este caso; El tiempo es lineal. Ha de tener un inicio y un fin y no puede ser de otro modo

Tiempo lineal vs. Tiempo circular

¿Cómo se percibe el tiempo? Las personas y las sociedades de todo el mundo a lo largo de la historia han percibido el tiempo de muy diferentes maneras: a través de las estrellas, de los ciclos naturales, de las labores agrícolas, de calendarios,… Estas y otras muchas formas de ver el tiempo se pueden resumir en dos principales tipos de concepciones del tiempo: lineal o circular.

La primera de ellas es, en general, la más empleada en las sociedades de hoy en día. En la mayor parte de los casos, tiene sus orígenes en el triunfo del cristianismo en los territorios del antiguo Imperio Romano. En ese momento, se entiende que hubo un inicio (en el caso del judaísmo y el cristianismo, el momento en que Dios crea el mundo), y que habrá un final (el Apocalipsis, según judaísmo y cristianismo).

A esta visión lineal, a la altura del siglo XVIII y en adelante, en la mayor parte de las sociedades occidentales, debido a la Revolución Francesa y la Ilustración, al éxito de los escritos de varios de los teóricos más importantes del capitalismo, y ya más tarde, a la influencia del positivismo, se le añade la idea del progreso: a medida en que se avanza en el tiempo, las personas y las sociedades progresan hacia algo mejor.

En el lado opuesto, tenemos la visión del tiempo circular. Era la visión más común en las sociedades de la Antigüedad, y normalmente tiene su origen en la observación de los diferentes ciclos que existen en la naturaleza: las estaciones del año, crecidas de ríos, la diferente posición de las estrellas en el cielo a lo largo del año, ciclo vital de los diferentes seres vivos, etc., que se reflejan en las diferentes divinidades a las que adoraban estas sociedades.
Fueron principalmente las culturas orientales las que desarrollaron la filosofía del tiempo cíclico, aunque, por otro lado, las culturas occidentales la ampliaron y profundizaron. En las culturas americanas también hay referencias sobre una concepción circular del tiempo; y en general también todas las culturas politeístas están relacionadas con esta filosofía.El tiempo considerado en el mundo mapuche no presenta el rasgo de unidireccionalidad de pasado a futuro, sino que de bidireccionalidad.1​ El futuro puede estar atrás y el pasado adelante o viceversa. El hombre indígena vive el presente en una realidad de continuo movimiento cíclico de la naturaleza y de su cultura. El We tripantu de la nación mapuche, es un renacimiento natural, el término del año es el inicio de una nueva vida y no la suma de años acumulados. El Universo indígena es una red viva por la que circula en todo momento la energía, y la información bajo un orden autorregulado por la propia naturaleza de las cosas. En el pensamiento indígena todo está interconectado, nada está separado del todo

La relación entre ambas visiones del tiempo tuvo sus momentos de cordialidad y sus momentos de conflicto. Durante el final del Imperio Romano y comienzo de la Edad Media, el cristianismo y la cultura clásica tuvieron una pugna por el poder, no sólo en el ámbito político, sino también en el ámbito cultural e ideológico, conflicto que en ambos casos acabó ganando el cristianismo.

Las acciones del cristianismo en esta lucha en el plano cultural consistieron, entre otras muchas cosas (y en referencia al tema que nos trae aquí), en la lucha por la implantación (o más bien imposición) de la concepción del tiempo lineal propia del cristianismo sobre la sociedad del momento, que estaba acostumbrada anteriormente a la concepción circular. De hecho, las zonas más rurales de estas sociedades, fueron las que más tiempo aguantaron sin cambiar de concepción del tiempo. Además, esta política llevada a cabo por el cristianismo, no consiguió acabar con todas las manifestaciones culturales que recordaban a la cultura anterior, por lo que, en el mejor de los casos, el cristianismo consiguió adaptarlas a sus creencias, darles un aire de cristianismo a estas manifestaciones culturales.

Muchos siglos más tarde, con la introducción de la idea de progreso, se añadía un componente más a la visión lineal, haciendo ver que la sociedad avanzaba hacia adelante siempre y nunca volvía a lo que se hacía en el pasado. Pero si vemos un poco de historia y lo que hemos vivido como personas (sobre todo, cuanta mayor edad tengamos), podemos deducir que la historia se repite, que cometemos muchas veces los mismos errores del pasado, y que, a pesar de que el progreso existe y las personas y las sociedades lo perciben, ese progreso experimenta muchos períodos de frenado o de vuelta atrás.

Si no me creéis, probad, a modo de ejemplo, a comparar lo que vivimos las personas y las sociedades en la crisis actual y en los años de bonanza anteriores, con lo que ocurrió con las personas y las sociedades en el crack del 29 y en la bonanza de los años 20. Comprobareis que a pesar de que, obviamente, existen muchas diferencias entre unos y otros, existen muchísimas similitudes. En los tiempos de bonanza, se percibe que el progreso es imparable, que todo crece, etc. En los tiempos de crisis, todo esto se para y en muchos casos, incluso se acaba por retroceder. Después del crack del 29, en general aumentó la brecha de riqueza entre ricos y pobres, aumentando la polarización social. ¿Qué ha ocurrido a raíz de la crisis actual en ese sentido? Exacto, lo mismo. Pero con todo esto no refiero solamente al ámbito económico. Pensemos en la reacción política de los ciudadanos a la hora de votar y elegir a sus representantes en el Gobierno. En los años 30, a consecuencia del crack del 29, hubo un auge de la extrema derecha en Europa. ¿Cuáles son los partidos que más están emergiendo en Europa en estos últimos años? Exacto, los mismos. Puede que haya algunas ideas que hayan cambiado entre unos y otros, pero en el fondo, y como diría Manuel Manquiña: “El concepto es el concepto”.

https://debarbasyboinas.wordpress.com/2016/09/15/tiempo-lineal-vs-tiempo-circular/

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CUESTIONARIO SOBRE LA LECTURA UN MUNDO FELIZ
un_mundo_feliz-Aldus_Huxleyun-mundo-feliz-aldous-huxley

propuesta de lectura

PITÁGORAS

Trabajo realizado por Álvaro, compañero de 1º Bach. A

ESCUELA-FILOSÓFICA-01-INED21

A) Concurso de fotografía filosófica ( alumnes de 4t d’E.S.O., de 1r i 2n de
Batxillerat )

Concurso_FotografiaFilosofica_Bases_17-18

B) Concurso de redacción filosófica y olimpiada ( Alumnes de 4t d’ESO)
Concurso_RedaccionFilosofica_Bases_17-18

C) Olimpiada de filosofía ( Alumnos de 1º y 2º cursos de bachillerato)

01. OlimpFilosofia_Bases_17-18_sp
http://www.uv.es/uvweb/delegacio-incorporacio-UV/ca/cooperacio-secundaria/olimpiades/filosofia/bases/olimpiada-1285870999577.html)

Made with Padlet

Recuerda que el tablón para denunciar la violencia de género en el IES sigue activo. Y recuerda que un buen post equivale a un positivo en cualquier trimestre

25 de Noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
lazo-25noviembrere

TRABAJO VOLUNTARIO:

Organiza una actividad que implique al menos a dos niveles del centro
_ Ha de ser creativa
_ Ha de centrase en lograr el objetivo planteado por el día
_ Ha de ser viable y visible.

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ACTIVIDADES SISTEMA NERVIOSO
BLOQUE 2
sistemanervioso

Trabajo presentado por las compañeras en clase
Imagen1Democracia
LA FILOSOFÍA EN LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA

Pitagoras.odp [Reparado]

pitagoras
PITÁGORAS 1

La_escuela_de_Atenas

Autor colaborador: Dr. Diego Sánchez Meca,
Catedrático de Historia de la Filosofía Contemporánea,
Universidad de Madrid (UNED), España Diego Sanchez Meca small
La escuela de Atenas ilustrando el artículo Filosofía por Diego Sanchez Meca

Es probable que para mucha gente la filosofía no llegue a ser, en último término, más que una palabra ambigua, pues se la emplea en los contextos más variados para referirse a cosas diversas. Como expresión lingüística común, la palabra “filosofía” no tiene un contenido preciso, ni permite una definición escueta generalmente aceptable. Oímos hablar repetidas veces de la filosofía de un programa electoral en política, o de la filosofía de una estrategia de comercialización de un producto en el ámbito de la industria y del comercio; se habla también, en el lenguaje cotidiano, de que es bueno tomarse la vida con filosofía, o de que cada uno se hace y tiene su propia filosofía de la vida. Por último, se dice que filosofía es también una especie de saber, para algunos un tanto nebuloso o incluso tenebroso, en el que se ocupan, o tal vez sólo se entretienen, determinados individuos no exentos de cierta petulancia o de un determinado aire de esoterismo y de misterio.

El caso es que no se ve, especialmente por parte de quienes todavía no han tenido ocasión o no se han interesado por una seria aproximación personal a la filosofía como disciplina intelectual, no se ve, digo, cuál puede ser el denominador común, si es que lo hay, a la multiplicidad de usos del término y del concepto de filosofía. Concedamos, incluso, que sea preciso diferenciar la filosofía como actitud vital de la filosofía como saber teórico, y centrémonos, de momento, en esta segunda acepción. Pero incluso así persistirá en toda su intensidad la complejidad y dificultad del problema de llegar a un concepto claro y preciso de qué es filosofía. Podemos verlo mejor haciendo una comparación.

Si nos preguntamos qué es la Biología, o qué son las Matemáticas, o la Historia como disciplinas intelectuales, para qué sirven, por qué existen, el definirlas no se nos presenta como un problema insoluble. Así, la Biología no es sino el estudio de la materia viva y de los fenómenos orgánicos, utilizando para ello el método experimental. Sus resultados son útiles en el campo de la medicina, de la industria, de la agricultura, etc. No hay una especial dificultad en contestar a la pregunta ¿qué es la Biología?. Pero ¿pasa lo mismo con la filosofía, incluso en su sólo sentido de disciplina intelectual? A ver quién tiene una respuesta así de clara para la pregunta ¿para qué sirve la filosofía?, o ¿cuál es la razón de ser de esta actividad que cuenta ya con veintisiete siglos de existencia?

Tal vez alguno de quienes lean este artículo podría esperar que yo dijera aquí y ahora el concepto adecuado de qué es filosofía, que resolviera esta confusión y diera la respuesta mágica que eliminara toda duda. No se molesten si les digo que no es mi intención ni siquiera intentarlo. Y no sólo por el socorrido pretexto de que no es posible resolver tan complejo y espinoso asunto en el corto espacio de un artículo, sino porque me considero con muy escasas posibilidades de salir airoso en una empresa en la que muchos insignes e ilustres maestros han fracasado.

Y es que los cambios que el concepto de filosofía ha sufrido a lo largo de la historia, junto con la amplitud y variedad de los productos culturales que a sí mismos se han designado con el nombre de “filosofía”, hacen extremadamente difícil y arriesgado el intento de construir, de acuñar un concepto unívoco, definitivo y universal de qué es filosofía. La formulación de su tarea y de su objeto se ha venido modificando a tenor de las circunstancias históricas y a medida que han ido apareciendo y desarrollándose las ciencias particulares. Por todo lo cual, no es del todo posible fijar, desde un punto de vista sistemático, el ámbito de estudio, el objeto y el método de la filosofía, como suele hacerse, desde el principio, con cualquier saber o ciencia. Lo característico de la filosofía como disciplina intelectual va a consistir, por todo ello, en que su tarea vertebral tiene que ser justificarse a sí misma de una manera “crítica” en el proceso mismo que la razón desarrolla en su intento de comprensión del mundo.

En términos muy generales, en el pasado, la gran mayoría de los grandes filósofos construían sus filosofías desde un determinado “modo de hacer”, o sea desde un cierto “método” que diferenciaba más o menos claramente a la filosofía de los demás saberes, en particular de las ciencias. Así, mientras las ciencias particulares se ocupaban cada una de un objeto determinado, de un problema específico que constituía su especialidad, como por ejemplo lo son los fenómenos orgánicos en el caso de la Biología, o el estudio de los fósiles en el caso de la Paleontología, o el de los fenómenos atmosféricos en el caso de la Meteorología, la “especialidad” de la filosofía era, podríamos decir, “la totalidad de lo que es”, o sea, el sentido del todo, el ser del Universo, entendiendo aquí por Universo el conjunto integral de todo lo que es y existe en su trabazón, en sus relaciones mutuas.

Metodológicamente no interesaban al filósofo, por tanto, estrictamente hablando, cada uno de los objetos o problemas que componen el Universo por sí mismos, en su ser separado y específico, sino que lo que le interesaba era el sentido de sus relaciones entre sí, lo que cada cosa es frente y junto a las demás, su puesto, papel y rango en el conjunto de todas las cosas, lo que cada cosa representa en el todo de la existencia universal. El científico, obligado por los propios presupuestos de su método, lo que ha hecho desde siempre ha sido colocarse ante el Universo acotando un trozo del que ha hecho su objeto de estudio. Pero al hacer eso rompía automáticamente así la red de interdependencias en que todo objeto se encuentra de hecho en el Universo, cortaba esa integridad con la que el mundo se nos aparece desde la actitud natural y espontánea de nuestra mente en la vida. El filósofo buscaba entonces precisamente esa totalidad, buscaba una idea, una concepción integral de ese todo o Universo presentido, desde el propio vivir cotidiano, no como un montón desmenuzado de cosas, sino como algo completo y unitario.

Tal vez, a primera vista, este intento de la filosofía del pasado de aspirar a pensar el sentido del todo en una concepción sistemática y unitaria de toda la realidad puede ofrecer, para nosotros hombres del siglo XXI, un cierto aspecto de megalomanía. De hecho, nuestra época considera ya esta empresa como una tarea ilusoria, imposible y de desaforadas pretensiones. Incluso si se tuviera en cuenta que la filosofía perseguía así el sentido de la totalidad del Universo y de la vida sin dejar de ser una disciplina ni más ni menos modesta que las demás. Porque esa totalidad, buscada por la filosofía, no era pensada como el conjunto numérico de las cosas que existen, ni se componía de la suma de los saberes de todas las ciencias, sino que tan sólo buscaría lo universal de cada cosa, la esencia, el aspecto por el que cada cosa se relaciona y se inserta en la totalidad adquiriendo así una plenitud de sentido.

Hegel -seguramente el último de los grandes filósofos sistemáticos y metafísicos del pasado- decía que tan sólo la filosofía hacía ver a los hombres el mundo tal como es, como totalidad, y no como ilusoriamente se le aparecen las cosas separadas, aisladas, autónomas, inconexas, sin sentido. Frente a las ciencias, la filosofía tendría, pues, un papel de primer orden que cumplir, y que no sería otro que el de ofrecer un concepto de la totalidad, una concepción “metafísica” del ser del mundo y del sentido de la vida.

Uno de los argumentos esgrimidos por los críticos contemporáneos de esta filosofía metafísica del pasado ha sido el de que, si la validez de un saber se mide por sus resultados efectivos en aquello de que trata, entonces los avances de la filosofía en sus veintisiete siglos de existencia y de esfuerzos no parecen haber conseguido nada efectivo o casi nada de lo que decía investigar. Porque, ¿dónde está, quién tiene hoy esa concepción unitaria y universal del sentido de la totalidad del Universo más o menos comúnmente aceptada, o cuál es la concepción del mundo propiamente dicha que la filosofía proporciona hoy a la humanidad?, ¿cuáles son los fundamentos de valor que la filosofía propone hoy para orientar moralmente la acción y la vida de los hombres?

Estas preguntas no tienen respuestas que permitan apoyar cierto consenso acerca de los logros sistemáticos alcanzados por los filósofos del pasado sobre la filosofía como saber, o sea, como disciplina intelectual. Pero precisamente por ello, la única respuesta posible hoy para la pregunta ¿qué es filosofía? debería partir de la negativa a distinguir entre filosofía como disciplina intelectual y filosofía como actitud vital. La filosofía ha sido y sigue siendo, ante todo, eso, una actitud, un modo de ser del hombre frente al mundo. Pero es una actitud que tiene forma de aspiración, de deseo, de inquietud y de “afán por sabe”r, por conocer, por apropiarse la sabiduría. No otra cosa quiere decir, en griego antiguo, el vocablo “filosofía”, amor a la sabiduría. Sólo que, como búsqueda de un sentido general del mundo, o de razones que guíen nuestro comportamiento o nuestras expectativas, no puede pretender, en sentido estricto, ninguna teorización definitiva de nada, sino que se resuelve y se agota en su propio buscar, en esa persecución continuada de los significados múltiples y cambiantes latentes en las cosas. Y esto tanto más cuanto que el mundo, la sociedad, el comportamiento humano y la vida en su conjunto no son algo estático, sino vivo, en autodespliegue progresivo e integrados por infinidad de interrelaciones dinámicas.

Aún así, todavía no faltaría quien preguntara, y estaría en consonancia con el espíritu pragmático y utilitarista de nuestra época: ¿Para qué sirve la filosofía?, ¿qué necesidades satisface?, ¿para qué toda esa búsqueda de los significados y de los valores de fenómenos y procesos de los que ya se ocupan probablemente mejor y más rigurosamente las ciencias?. ¿Por qué no hacer entonces lo que ya una mayoría de gente aparentemente hace, que es vivir la vida tranquilamente sin hacer caso de todas esas vaguedades que dicen los filósofos?. ¿Acaso toda esa búsqueda es algo más que una sutil forma de complicarse la propia vida y seguramente también de complicársela a los demás?
Un gran filósofo, Kant, decía que el hombre que filosofa lo hace por una exigencia del dinamismo propio de su razón, es decir, porque su mente no puede aquietarse con una explicación cualquiera, sino que aspira siempre hacia arriba, en busca de las síntesis supremas y de los significados más penetrantes y más omniabarcantes. Otro gran filósofo, Aristóteles, pensaba, por su parte, que todo hombre, de una u otra forma, filosofa por naturaleza, o sea, porque, según él, todo hombre, por naturaleza, quiere saber. Y un tercer gran filósofo, Platón, afirmaba que el afán de saber, el amor a la sabiduría, que es la esencia de la filosofía, cuando se da, cuando surge y se despierta en alguien, suele ser el fruto de una dolorosa constatación previa, hecha por ese alguien, de que no sabe, de que ignora y de que “necesita” saber para ser. Sería, por ello, en esa percepción de la propia indigencia, de la propia ignorancia, donde estaría la raíz del conocer y, por tanto, de la filosofía.

Y es que, por su indigencia, por su desvalimiento constitutivo, todo hombre, para ser un ser humano, está obligado a un constante esfuerzo por ascender, desde la ignorancia que le es natural, hasta la sabiduría; un esfuerzo que sólo es fructífero y provechoso cuando es el resultado de un amor al saber. O sea, cuando surge de una actitud vital que sin ningún temor a equivocarnos podemos calificar de filosófica, actitud de búsqueda desde la humana necesidad de comprender y expresar. Puede verse así cómo la actitud vital, subyacente a la actividad filosófica, simboliza y esencializa la función autoformativa y educativa, pues, debido a sus posicionamientos metodológicos, la filosofía insiste en la necesidad de ir siempre más allá del mero amontonamiento y superposición de conocimientos especializados, parciales e inconexos, como los que nos proporcionan las ciencias particulares. O sea, propugna, como su distintivo más propio, la necesidad de llegar a un sentido que incluyera de algún modo las interrelaciones y el lugar que los distintos conocimientos parciales y especializados deberían tener en una ideal síntesis universal, nunca alcanzable ni formulable en un sistema cerrado, de ese tipo de saber que reflejaría, de un modo inalcanzable, la totalidad de todo lo que es posible saber.

http://abcblogs.abc.es/alejandradeargos/2017/09/20/qu-entiendo-por-filosofa/
– Qué entiendo por “filosofía” – – Alejandra de Argos –