Archivos para el mes de: junio, 2013

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TEQCdREQVIEM PHILOSOPHIAE
http://filosofiapalomar.blogspot.com.es/2013/06/reqviem-philosophiae.html

Requiem por la Filosofía
(Obviamente no soy Marco Antonio, ni la Filosofía es Julio Cesar. Pero sirvan estas letras como sincero homenaje a William Shakespeare, creador genial, indiscutible pensador y peculiar filósofo)

¡Amigos, compatriotas, prestadme atención! Aquí os traigo el cadáver de la Filosofía. Como todos sabéis, el gobierno la ha matado. No vengo a ensalzarla, sino a inhumarla. El mal suele perdurar. A menudo el bien queda sepultado con el muerto. Pero, en justicia, también la Filosofía merece unas palabras, pues hasta un demonio las merece. Con la venia de Wert y los demás, pues Wert es un hombre honrado, como lo son todos los miembros del gobierno, dedicaré esas palabras a la difunta en este improvisado funeral.

El ministro Wert sugiere que la Filosofía era nociva para la juventud, pues ha de ser ésta la razón por la que tan duramente ha sido castigada. Si verdaderamente fue nociva para la juventud, gravemente ha pagado ya por ello. No obstante, la Filosofía era mi amiga, para mí leal y sincera. Pero Wert sugiere que era nociva. Y Wert es un hombre honrado. Infinitas luces trajo a Occidente. Con ella llegó la democracia a la Antigua Grecia. Y de aquella antigua democracia nacieron nuestras democracias modernas ¿Es la democracia nociva?, ¿es peor la luz que la oscuridad? El mal debería ser de una naturaleza más siniestra y tenebrosa. No obstante, Wert sugiere que la Filosofía es poco recomendable para la juventud, y Wert es un hombre honrado. Con Epicuro nos enseñó a no temer a la muerte y a disfrutar de nuestra corta existencia con inteligente moderación. Nos ejercitamos con el estoico Zenón en apretar los dientes y en soportar con dignidad los duros golpes que nos da la vida. Y con Nietzsche aprendimos que puede haber dioses danzarines y que la sabiduría puede ser una explosión de alegría ¿Es esto perjudicial para la juventud? ¡Perdonadme un momento! La emoción me embarga. Mi corazón está ahí, en el féretro junto a la Filosofía, y he de reposar hasta que torne a mí.

Ayer todavía las palabra de Sócrates, Kant o Spinoza resonaban en aulas llenas de estudiantes. Ahora, pobres bocas mudas, a nadie hablarán ya. Si estuviera dispuesto a excitar a la cólera sería injusto con Wert y con el gobierno, quienes, como todos sabéis, son hombres honrados. No quiero ser injusto con ellos. Prefiero serlo con el cuerpo presente, conmigo y con vosotros antes que con esos hombres tan honrados. Pero es pertinente recordar que con los filósofos presocráticos nació la ciencia, la misma ciencia que Galileo y Newton culminarían para gloria de nuestra civilización. Y que sin ciencia no habría hoy esos aparatos mágicos a los que rendimos ignorantemente pleitesía: ordenadores, teléfonos móviles o complejas tabletas táctiles. Sin Tales ni Pitágoras no habría matemáticas. Sin Filosofía nuestra gran Literatura quedaría fatalmente amputada. Pues, ¿qué son sino Filosofía las insignes obras de Shakespeare, Dostoyevski, Camus o Unamuno? Si todo aquello que valoramos es fruto de la Filosofía, ¿ha de ser la Filosofía mala?, ¿cómo honrar a los hijos sin respetar a la madre?

He ido demasiado lejos en deciros esto. Temo agraviar a los honrados hombres que hicieron la LOMCE. Evitaré, pues, la emoción de la pérdida y os leeré el documento oficial, pues solo hay en él sensatas palabras escritas por hombres honrados. Formad círculo en torno al cuerpo inerte y dejadme leeros la nueva ley.

La Filosofía Práctica, que no pretende más que fomentar la prudencia y el buen juicio entre los jóvenes, deja de ser obligatoria en Secundaria. La Filosofía Política, que asomaba tímidamente en la asignatura de Educación para la Ciudadanía de 2º de la ESO, desaparece. Y la Historia de la Filosofía, hasta ahora ineludible en el último curso de Bachillerato, se convierte en optativa que podrá ser elegida entre cuatro, cinco o dieciséis asignaturas, según el caso, y siempre dependiendo de que sea ofertada previamente por la Administración educativa y el Centro. Lo que significa su aniquilación de facto. ¡Mirad: éste es el documento legal! Ved aquí las firmas del gobierno. Ésta es la firma del ministro Wert. El simpático y humanista Wert que solía aparecer sonriente y conciliador en tertulias televisivas. ¿Os acordáis? Esa firma fue la más cruel, pues cuando la Filosofía vio que él también firmaba, la inesperada ingratitud, más que la traición, la abatió por completo. Entonces la Filosofía cayó mortalmente a los pies de sus verdugos, y en aquel momento todos caímos con ella.

Ahora lloráis. Percibo en vosotros cierta piedad. ¿Por qué lloráis cuando no habéis vislumbrado más que el borrador de la nueva ley? Ay, si conocieseis el testamento. Sed pacientes amables amigos. No debo leerlo. No es conveniente que sepáis hasta qué extremo la Filosofía fue generosa con vosotros. Pues siendo hombres, y no bestias, al oír el testamento os enfureceríais llenos de rabia.
Apreciables amigos, los que han consumado este asesinato son hombres dignos. ¿Qué secretos agravios tenían para hacerlo? Lo ignoro. Ellos son juiciosos y honorables, y no dudo de que os darán razones tras un solemne consejo de ministros. Yo no vengo a concitar vuestras pasiones. No soy político ni tertuliano televisivo como Wert, sino sólo un humilde profesor de Filosofía que amaba a su amiga. No tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria que enardece la sangre de los hombres. Hablo llanamente y solo digo lo que todos sabéis. Os muestro las heridas mortales de la Filosofía presentes en esta nueva ley de educación y les pido que hablen por mí. Pero si yo fuera Wert, y Wert yo mismo, no lo dudéis, ese yo exasperaría vuestras almas y pondría una lengua de fuego en cada herida de la Filosofía capaz de conmover y levantar en motín a toda la nación.

Aquí está el testamento. La Filosofía os lega todas las bibliotecas del país. Asimismo os lega sus infinitas obras repartidas en formatos word y pdf por toda la red. Las deja a perpetuidad para disfrute y cultivo vuestro y de vuestros hijos. Allí seguirán viviendo el irónico Sócrates, el optimista Leibniz, el cascarrabias Schopenhauer, junto con Kant, Platón, Aristóteles y tantos otros. Allí habitarán para siempre nuestros filósofos, en buena disposición, prestos a enseñarnos el valor del conflicto y la duda, y dispuestos a clavarnos el aguijón cuando creamos que ya lo sabemos todo. ¡Éste era un gran saber! ¿Cuándo tendremos otro como él?

Publicado en el diario INFORMACIÓN de Alicante el 14 de Junio de 2013

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