Archivos para la categoría: Comentarios filosóficos

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¿ Cuál de los dos te parece más hiriente?

Y si te parece poco, mira la RAE y busca la definición de humano:
humano, na
Del lat. humānus.
1. adj. Dicho de un ser: Que tiene naturaleza de hombre (‖ ser racional). U. t. c. s., frec. m. pl. para referirse al conjunto de los hombres. La relación entre un dios y una humana. El lenguaje de los humanos.
2. adj. Perteneciente o relativo al hombre (‖ ser racional).
3. adj. Propio del hombre (‖ ser racional).
4. adj. Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos.
¿ Seremos humanas las mujeres?

mujer
Del lat. mulier, -ēris.
1. f. Persona del sexo femenino.
2. f. mujer que ha llegado a la edad adulta.
3. f. mujer que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¡Esa sí que es una mujer! U. t. c. adj. Muy mujer.
4. f. Esposa o pareja femenina habitual, con relación al otro miembro de la pareja.
5. interj. U. para indicar sorpresa o asombro, o con un matiz conciliador, exclusivamente cuando el interlocutor es una mujer. ¡Mujer, no te enfades!

Pues resulta que muchas no somos mujeres….

mujer de gobierno
1. f. desus. mujer de su casa.
2. f. desus. Criada que tenía a su cargo el gobierno económico de la casa.
mujer de la calle
¿ Qué es un hombre de gobierno?
1. f. mujer normal y corriente.
2. f. Prostituta que busca a sus clientes en la calle.
mujer de punto
1. f. desus. mujer honrada y decente.
mujer del partido
1. f. prostituta.
mujer fatal
1. f. mujer que ejerce sobre los hombres una atracción irresistible, que puede acarrearles un fin desgraciado.
mujer mundana
1. f. p. us. prostituta.
mujer objeto
1. f. mujer que es valorada exclusivamente por su belleza o atractivo sexual.
mujer orquesta
1. f. mujer que lleva sobre sí un conjunto de instrumentos que toca simultáneamente como espectáculo.
2. f. mujer que se ocupa de diversas tareas o funciones, simultaneándolas o compatibilizándolas.
mujer pública
1. f. prostituta.
pobre mujer
1. f. mujer de cortos talentos e instrucción.
2. f. mujer de poca habilidad y sin vigor ni resolución.
buena mujer
1. expr. rur. U. para llamar o dirigirse a una desconocida.
de mujer a mujer
1. loc. adv. Con sinceridad y en igualdad de condiciones.
ser mujer una niña o adolescente
1. loc. verb. Haber tenido la menstruación por primera vez.
pez mujer

Todo nos lleva a lo mismo: ¡¡¡prostituta!!!

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ESTO NO ES UN TRABAJO ..SOLO INFORMACIÓN POR SI OS INTERESA LEERLA..¡ Y ES VOLUNTARIO!
Los cuatro tomos pertenecientes a la serie de los Cuadernos negros de Martin Heidegger (1889-1976), publicados entre 2013 y 2015 en Alemania, causaron revuelo a escala mundial porque reafirma la idea de que el célebre filósofo alemán se entusiasmó con el nazismo y manifestó ciertos rasgos antisemitas. En España aparece ahora el primero de estos volúmenes, un dietario filosófico que contiene cientos de pensamientos de diversa extensión escritos entre 1931 y 1938. Aunque buena parte de ellos son de materia filosófica, otros muchos aluden a la circunstancia política alemana: el triunfo del nacionalsocialismo, que Heidegger aclamó; él mismo, en 1933, fue rector de la Universidad de Friburgo luciendo bigote hitleriano y esvástica en la solapa; pocos parecían entonces tan nazis.

A tenor del revuelo mediático de estos Cuadernos negros, cabría pensarse que en sus páginas se vierten loas a Hitler e insultos a los judíos; en absoluto, las notas del pensador no son tan explícitas, sino más sutiles. En este primer tomo sólo muestra una adhesión inicial a los nazis; después, bastante desprecio por la situación “espiritual” de Alemania. Y no dice una palabra sobre los judíos.

En general, Heidegger aparece en sus notas como un entusiasta de la “Filosofía”, que él veía opuesta a la ciencia (“la ciencia no piensa”, escribió); alguien que entendió el filosofar como un saber de preguntas radicales y osadas más que de respuestas: “Todo preguntar un goce, toda respuesta una merma”, sentenció. Era el gran profesor que deslumbraba a sus alumnos (y alumnas, recordemos a su joven amante Hannah Arendt) con su pregunta esencial: “¿Qué es ser?” o “¿Por qué hay ente y no más bien nada?”; en definitiva, el “mago” que desmontaba palabras cotidianas para decir lo indecible. En efecto, vemos aquí al pensador sui generis, el mismo que, como ser humano, cometió un grave error de bulto con los nazis, puesto que con su llegada creyó ventear un cambio para mejor en Alemania, una verdadera “revolución” del espíritu que jamás acaeció como él esperaba. Creyó que el tirón unificador de Hitler inspiraría a los alemanes para buscar la verdad y el ser, como un “gran principio” saludó la llegada de los nazis; esperaba que la filosofía saldría beneficiada, volvería a dominar sobre la vida comunitaria germana tal como lo hizo en la (idealizada) antigua Grecia; y los filósofos, que suelen ser hombres solitarios (y Hei­degger lo era en extremo), saldrían de su aislamiento y, dejando aparte a su “pequeño yo”, marcharían juntos con los demás hombres.
Algunas anotaciones de Martin Heidegger extraídas del primer volumen de Cuadernos negros:

-“La gran experiencia y el gran motivo de dicha es que el Führer ha despertado una nueva realidad que da a nuestro pensamiento el cauce y la fuerza de choque correctos”.

-“El final del rectorado. 28 de abril de 1934. He puesto mi cargo a disposición, porque ya no me era posible asumir la responsabilidad. ¡Viva la mediocridad y el ruido!”

-“En una época en la que al boxeador se le considera el gran hombre, honrándosele con los honores habituales, en la que la hombría puramente corporal en toda su brutalidad se considera heroísmo, en la que el paroxismo de las masas se lo hace pasar por comunidad, y a esta por el fundamento de todo… ¿qué espacio queda entonces para la ‘metafísica’?”

-“Maestros de escuela embrutecidos, técnicos sin puesto y pequeños burgueses trasladados como los custodios del ‘pueblo’, como aquellos que ha de asentar los criterios”.

-“El ‘mundo’ está desquiciado. Ha dejado de ser un mundo, o diciéndolo más verazmente: jamás fue un mundo. Todavía estamos en su preparación”.

-“Todo gran pensador piensa un solo pensamiento. Este pensamiento siempre es único: el pensamiento del ser”.

-“Nuestro orgullo y nuestra nobleza: llevar el preguntar a lo más íntimo y extremo”.

-“Empezar con lo pequeño dándole vueltas a lo grande”.

-“¿Por qué tengo dos ‘g’ en mi apellido? ¿Para qué, si no es para darme cuenta de lo que constantemente importa? ‘Bondad’ [Güte] (no compasión) y ‘Paciencia’ [Geduld] (es decir, voluntad suprema)”.

-“La filosofía es el saber sin provecho, pero señorial”.

-“La ‘política cultural’ es el último tapujo de la barbarie”.

-“¿Por qué falta ahora por todas partes sobre la tierra la disposición para saber que no tenemos la verdad y que tenemos que volver a preguntar por ella?”

-“Ahora se ‘hace’ como si ya no hubiera nada más que hacer por ‘la verdad’”.

-“Permaneceremos en el frente invisible de la Alemania espiritual secreta”.

-“Orgullo: es la resolución madura de mantenerse en ese rango esencial propio que surge de la tarea de garantizar la seguridad de no volver a confundirse a sí mismo con otro”.

El cambio político en la era digital

-“La gran experiencia y el gran motivo de dicha es que el Führer ha despertado una nueva realidad que da a nuestro pensamiento el cauce y la fuerza de choque correctos”.
http://www.elmostrador.cl/noticias/vida-en-linea/2015/10/27/heidegger-el-nazi-y-el-gran-filosofo/338

Os envío este link de un corto sobre la homosexualidad a la vez que el bullyng.
Es interesante que lo veáis y de paso os ofrezco la posibilidad de hacer un trabajo voluntario
¿ Qué habéis sentido al ver las cosas desde la perspectiva contraria? ¿Lo que percibimos es real o simplemente está mediado por nuestro modo de verlo?…¿ os parece una buena estrategia para hacernos pensar en el tema?
Gracias a Sara Carmona por compartirlo

http://www.rtve.es/alacarta/videos/premios-principes-de-asturias/premios-princesa-discurso-lledo-231015/3332852/http://www.rtve.es/alacarta/videos/premios-principes-de-asturias/premios-princesa-discurso-lledo-231015/3332852/

Igual hubiéramos estado más cómodos en su casa de verdad, pero quizá cegados por la impaciencia no dejamos escapar la oportunidad que tanto tiempo hemos esperado. Allí preguntamos y escuchamos a uno de los profesores más queridos y admirados que ha dado la filosofía española en los últimos 50 años. Su magisterio ha adquirido un aura solo comparable con la de los maestros más grandes, y sus antiguos alumnos hablan de él con una devoción comparable a la que demostró Hanna Arendt por el “mago de Messkirch”. Si a Heidegger se le ha llamado “el maestro de Alemania”, nosotros deberíamos considerar a Lledó “el maestro de España”. Con la humildad que le caracteriza, sin impostura, afirma considerarse, simplemente, “un profesor de filosofía que ha dedicado parte de su vida a estudiar la filosofía y que lo ha pasado muy bien enseñando a los demás”. Como Sócrates, que también era un gran maestro. Y serlo es una inmejorable pasaporte para ser también el gran gran filósofo que es.

En su último libro, «Los libros y la libertad», reflexiona sobre la importancia de ese objeto tan humilde que es el libro. ¿Qué significan para usted?
Para mí, los libros significan la memoria. Yo creo que los seres humanos somos fundamentalmente memoria y lenguaje. Si no tuviéramos memoria, no sabríamos quiénes somos. Por eso, siempre he defendido la tesis de que debemos tener memoria, no solo individual sino también colectiva. Estos libros que usted ve aquí son parte de la memoria histórica de la vida intelectual de nuestro país y de la vida personal de aquellos que un día decidieron escribir su oralidad; escribir las palabras que pensaban, las palabras que deseaban, las palabras que buscaban.

¿Y qué nos pueden aportar los libros de filosofía frente a otros?
Para una persona que no se dedique a la filosofía puede haber libros que le resulten difíciles, pero el libro filosófico es la transmisión de lo que los seres humanos han querido entender sobre las grandes cuestiones de la existencia (la justicia, la verdad, la bondad, etc.) y también para saber qué es lo que somos, cuál es el futuro colectivo de una serie de personas que constituyen una nación, un pueblo o una humanidad. Creo que una de las grandes globalizaciones que hay que tener es la de la cultura, la del progreso intelectual.

Como especialista en filosofía antigua, ¿qué podemos aprender en los libros de filósofos como Platón, Aristóteles, Epicuro?
Yo soy especialista en filosofía antigua, pero también me interesa mucho la filosofía moderna. He vivido muchos años en Alemania y eso me ha hecho interesarse por la filosofía del idealismo alemán, lo que pasa es que tengo la suerte de poder leer en latín y en griego, y esa suerte la pongo sobre los grandes filósofos de la cultura griega, que efectivamente siguen estando vivos para nosotros, como Platón, Aristóteles, Epicuro o Plotino. Toda la cultura griega es una cultura de una riqueza tal que a mí me sorprende que aún podamos leer La República o El Fedón de Platón, o la Metafísica de Aristóteles y que después de 25 siglos nos sigan diciendo cosas. Por eso, me parece tan importante que se cultive que a los alumnos, cuando se les enseñe a leer, se les enseñe también a amar el lenguaje. Ese alimento de la sensibilidad es una cosa esencial para la educación de los niños, porque si no se les abre ese horizonte, siempre quedarán ceñidos a los pequeños problemas de su personalidad. Y esa personalidad debe enriquecerse con la lectura, porque así ampliamos el diálogo que tenemos con nosotros mismos con la voz de Cervantes, de Galdós, de Lorca o de quien queramos.

Usted ha contado muchas veces la historia de ese maestro de primaria que le enseñó el aprendizaje de la libertad que usted vincula a la lectura.
Antes lo he dicho en otro contexto: uno no puede ser más que su propia memoria. Creo que esta es una de las experiencias más hermosas de mi vida, y me parece que es un homenaje que debo rendir a don Francisco, que fue un maestro que yo tuve en Vicálvaro, en Madrid. Los niños de mi clase tendríamos ocho, nueve o diez años, y aquel maestro nos enseñó la libertad, y nos la enseñó de una manera muy concreta. Después de leer una página de El Quijote nos decía: “sugerencias de la lectura”. Eso me pareció tan interesante que no lo he olvidado. La imagen de aquel joven maestro en una escuela pública. Yo creo decididamente en la enseñanza pública, en una enseñanza en la que no sea el dinero el que cambie las perspectivas o los tipos de enseñanza.

En «Ser quien eres» recopila diversos artículos sobre educación en los que denuncia duramente el
tipo de enseñanza (basada en la asignatura y el examen) que aún predomina en España.
Sí, es que ese tipo de enseñanza, a la que yo llamo “asignaturesca”, es la enseñanza del aprendizaje. Yo creo que el aprendizaje no es importante, sobre todo ahora que tenemos tantos medios de conocimiento e información. Lo importante es crear libertad intelectual y capacidad de pensar. Se habla muchísimo de la libertad de expresión, pero en mi opinión lo importante es la libertad de pensamiento: tener que pensar, saber qué pensar y no tener la mente aglutinada con pequeños coágulos que no te permiten entender, mirar o interpretar. La enseñanza tiene que ser ese estímulo continuo entre el profesor y el alumno. Cuando yo utilizaba este adjetivo “asignaturesco” me refería a esa concepción de exámenes, de controles continuos, de apuntes… En este sentido, recuerdo mi experiencia en Alemania. Llegué allí muy joven y me encontré en la Universidad de Heidelberg, donde no solo no había apuntes ni exámenes; allí te examinabas cuando tú querías.

Cuéntenos un poco cómo funciona la universidad alemana, cómo cambian los contenidos cada semestre.
Al llegar, me sorprendía que, por ejemplo, Gadamer hablase un semestre de la Fenomenología del espíritu de Hegel y al semestre siguiente sobre El Banquete de Platón, y al siguiente sobre Nietzsche. Y, claro, yo iba buscando “la asignatura”, ¡pero no había! ¿Dónde está el temario? ¿De qué tomo apuntes? Y después estaban los seminarios. La asistencia a las clases eran libres, y podía haber alumnos de otras facultades, pero en los seminarios tenías que hablar antes con el profesor para que te dejase asistir. Le decías, por ejemplo, “voy a hacer un curso sobre Píndaro en filología clásica”, y él te contestaba: “¿Y por qué no sigue antes un curso sobre sintaxis?”. Aquello era, como dice Walter Benjamin, “descubrir la universidad como una pasión por el conocimiento”, por la libertad de inteligencia, por no tener grumos que te agarren las neuronas y te impidan fluir con ellas. Esa idea de creatividad lo ha expresado toda la gran tradición universitaria alemana. Recuerdo un texto de Benjamin, que viene de toda la tradición kantiana y de Guillermo Humboldt, que dice casi textualmente que “obsesionar a los muchachos con estar cinco o seis años en la universidad para ganarse la vida es la forma más feroz de perderla”; y esto es algo que, en mi opinión, se suele hacer. Hay que dejar que los jóvenes se entusiasmen con la filología clásica, con el derecho romano, con la anatomía patológica, con lo que sea. No los acorralemos con la obsesión de que tienen que ganarse la vida. La vida se la gana uno o se la pierde, pero hasta ese momento en que salgas de allí, sueña un poco con los ideales.

¿Por qué es tan importante para usted la educación?
Porque también creo una hermosa frase kantiana, que “el ser humano es lo que la educación hace de él”. Somos, nos formamos, nos deformamos y nos transformamos por medio de la educación. Por lo tanto, el mimo a las instituciones donde esa educación es posible tiene que ser una característica decisiva de cualquier gobierno y de cualquier política. Y ya que he pronunciado la palabra política diré que la política es esencial en la cultura, y también los políticos. La política es, según decía un texto clásico, “lo más arquitectónico, lo más interesante de la vida social”, porque organiza, armoniza y orienta los distintos deseos e ideas de los seres humanos, a los que esos políticos tienen que facilitar la existencia (y no la de ellos). Hay algún texto de la filosofía griega en que Platón o Aristóteles se plantean incluso si los políticos pueden ser felices, porque su vida es darlo todo a los demás. Imagínate lo que significa eso en cuanto al cultivo de lo que Aristóteles llamaba el spoudaios, el hombre decente, el hombre justo que se entrega a los demás.

¡Qué difícil parece hoy día exigir al político que sea decente!
Es verdad que es un ejercicio difícil, pero el que se mete en política debería hacerlo desde esa directriz de la decencia, una palabra tan sencilla y tan bonita como ser decente. Entregarte a los demás y no buscar los compromisos con tu propia, cerrada y a veces entristecedora individualidad y egoísmo. Hay otro texto de la Ética nicomáquea que dice que el principio de las relaciones que tengamos con los demás empieza por la relación que tenemos con nosotros mismos, y para tener una buena relación con la propia mismidad tienes que encontrarte digno de ti mismo, no engreído ni falsificador de tu propia personalidad, tienes que sentirte decente. Si yo me miro en el espejo y veo en mi historia algo negativo, sobre todo en relación con mi trato con los demás (y si soy político, no digamos), tendría que dimitir, pero no dimitir de un cargo, sino dimitir de ser humano, dimitir un poco de ti mismo.

Según cuenta la leyenda, cuando usted se fue a la Universidad de Barcelona, varios alumnos suyos de La Laguna le siguieron. Un mérito que parecía reservado solo a figuras inmensas como Heidegger.
Una parte es leyenda. Lo que pasa es que yo llegué muy joven a La Laguna, después de casi diez años en Alemania y de tres como catedrático de instituto, y para mí aquello fue un reto tan hermoso que me entregué por completo. Recuerdo que, en aquellos años, no escribía ni publicaba nada, no hacía más que preparar clases, pero era porque me parecía un privilegio el poder tener delante a aquellos jóvenes (que siempre sentí como compañeros), y creábamos un espacio colectivo en el que yo hablaba y ellos escuchaban. Es decir, se creaba un espacio público a través de las palabras, del lenguaje. Un lenguaje que les abriera la inteligencia. En fin, el único mérito que tengo es que me interesaba lo que hacía. Amaba mucho la filosofía, pero al mismo tiempo amaba a aquellos a quienes quería comunicarles mis pequeñas y personales (y muchas veces carentes de interés) experiencias, pero que eran mías. Y esa es, me parece, una función esencial del profesor. Y ese era el rompimiento del “asignaturismo”. Recuerdo que, recién llegado a La Laguna, se me acercaron unos alumnos a preguntarme (de forma sensata por parte de ellos, aunque escandalizante para mí): “Lo que usted dice, ¿nos lo va a exigir en el examen? ”. Eso era inocencia por parte de ellos y yo me quedé absolutamente descolocado.El liberar a los jóvenes de ese estricto control “asignaturesco”, examinador, me parecía importante.

Hablando de esa función transformadora de la educación, recuerdo esa experiencia que usted cuenta de enseñar alemán a aquellos emigrantes andaluces que iban a trabajar a Alemania “con un no escrito en la frente”. Y también cómo a usted le molesta el tópico ese de que los “andaluces son unos vagos”.
Me parece una injuria. Una de mis experiencias más hermosas es la que coincidió con mi llegada a Alemania, a principios de los 50, con las primeras oleadas de obreros españoles que llegaban a trabajar allí. La mayoría de esos muchachos eran andaluces. Y no debe de ser muy perezoso el pueblo andaluz para coger una maleta e irse a un país del que no conocían la lengua; ellos, que habían nacido con un no escrito sobre la frente: no al pan, no a la comida, no a la cultura, etc., que tuvieran valor y entusiasmo para ir a un país del que ya solo el nombre de algunas ciudades les debería atemorizar. Y aquellos muchachos fueron capaces. Porque, como creo que dice Lope (“¡Ay, dulce y cara España, madrastra de tus hijos verdaderos!”), aquellos eran hijos verdaderos de este país. Y el mismo entusiasmo con el que yo entré en la Universidad de La Laguna y que descubrí en los estudiantes, ese mismo entusiasmo, o más (porque estaban más desamparados), lo encontré en ellos. Ese deseo de aprender, de enriquecerse, lo encontré en las clases que daba en una cafetería de Heidelberg de gramática alemana a aquellos muchachos, a quienes nadie había enseñado gramática española. Ese es, para mí, uno de mis recuerdos más intensos y más hermosos. Y esto tiene que ver con lo que decíamos antes, con la igualdad de oportunidades.

Cambiando un poco de tercio, ¿nos puede enseñar la filosofía a ser felices? Lo digo por su opúsculo «El elogio de la infelicidad» …
Yo me doy cuenta, efectivamente, de que no vivimos ni vestimos como los griegos, pero a pesar de todo seguimos leyéndolos. ¿Qué quiere decir eso? Que todavía podemos dialogar con sus palabras, lo cual significa que estas no han envejecido, aunque ya no llevemos clámides ni coturnos. Ellos descubrieron una serie de palabras que constituyen lo que, con más o menos razón, llamamos cultura occidental. Y una de las palabras centrales de esa cultura griega era la palabra felicidad, eudaimonía, que significa algo así como tener un “buen diosecillo” o alguien supremo que te ha mirado con benevolencia y te ha hecho que tengas más ánforas que otro, y más vestidos y esclavos. Es decir, ser feliz era tener. Esto es, si tenías más bienes materiales eso te ayudaba a vivir. Pero hay un momento en la cultura griega en que ya no se trataba de tener, sino de ser. Algo más sutil, más interior, más personal. Y ese cambio significó un giro decisivo en la idea de libertad y de felicidad. Eras feliz si no te avergonzabas de ti mismo, si te sentías digno de ti mismo. Y eso tiene que seguir manteniéndose. Yo creo que la codicia es una de las muchas enfermedades que padece el hombre lobo, el hombre que cree que la vida es una lucha. ¡Naturalmente que es una lucha y una tensión!, pero siempre he defendido (y creo no equivocarme, aunque si alguien me demuestra lo contrario, lo aceptaría) que es más importante en la vida humana el afecto, el espacio amoroso, el espacio de la filía y de la cordialidad que el de la violencia y el odio. El odio no crea más que odio y, además, produce la muerte, no solo individual o mental, sino la muerte de la sociedad en la que el odio sea el elemento enhebrador.

¿Cree usted que está suficientemente presente la memoria de la Guerra Civil y del trabajo de los maestros de la República?
Si no lo estuviera, sería una desgracia. Esa tesis de que se abren heridas me parece falsa. Yo lo que quiero es saber qué ha pasado en mi país, conocer su historia, y eso no es abrir heridas. Es tomar conciencia de las cosas positivas, de las cosas negativas y de los caminos por los que (creo yo) no hay que seguir adelante en ese olvido. El Alzheimer colectivo es todavía mucho peor que el Alzheimer individual, y un país sometido a la falsificación de lo colectivo es un país condenado. En mi opinión, no hay futuro en un país si no ponemos el pasado por delante, para aprender de él.http://www.filosofiahoy.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.5736/idpag.6817/prev.true/chk.17ef01353d4d6420a05dca0a4ddac85d.htmlimagenes_Emilio2_d943122d

Levítico y homosexuales

https://www.facebook.com/827540127319503/videos/920789611327887/

Lee el texto y responde.
_ Establece la diferencia entre pensamiento racional y mítico a través del texto
_ Haz un comentario personal a partir del texto.

“Hace poco, respondiendo a la inevitable pregunta de un estudiante, ‘¿para qué sirve eso?’, le contesté: ‘Para nada. ¿No le parece admirable que haya gentes que se dan el lujo de preferir cosas hermosas e ideas profundas a artefactos ingeniosos pero, a la postre, superfluos o incluso dañinos, tales como los automóviles acorazados?’”

Mario Bunge

Necesitamos una escuela que enseñe a sentir, que haga pensar y que invite a crear; y para ello son tan necesarios los contenidos de las asignaturas STEM(Science, Technology, Engineering, Mathematics) como los de “las inútiles”. Resulta que esos contenidos inútiles que se están desterrando de nuestros sistemas educativos son:

IMPRESCINDIBLES

La reforma educativa margina la asignatura de Filosofía. Los docentes se movilizan para evitar que los fundamentos del pensamiento occidental salgan del aula
Los grandes partidos apuestan por el pacto educativo
G. ALTARES / P. ÁLVAREZ Madrid 5 OCT 2015 – 14:16 CEST

“Que noooo, que Platón está tirao…”. Con el traje de chaqueta que usa a diario, la corbata y el maletín, Enrique P. Mesa introduce a uno de los padres de la filosofía en el aula de 2º de Bachillerato del instituto El Espinillo, en el distrito madrileño de Villaverde. “No es un profe normal”, confiesa un estudiante de la última fila. Cuenta chascarrillos durante toda la clase y confronta el mundo de las ideas con el mundo sensible haciendo dibujos de lechugas y perros en la pizarra. Mesa explica despacio e interrumpe cada poco para asegurarse de que nadie queda atrás. En 45 minutos que pasan volando, los adolescentes ahondan en el primer autor de Historia de la Filosofía, la asignatura de los porqués. Les habla del bien, de la eternidad, de la esencia… “Solo puedes descubrir el mundo de las ideas usando el pensamiento racional”, desliza.

La última reforma educativa (LOMCE) reduce la asignatura de forma sustancial en las aulas españolas. La Historia de la Filosofía que imparte Mesa con pasión pasa de obligatoria a optativa. Hasta ahora se enseñan en secundaria y Bachillerato tres asignaturas relacionadas —Filosofía, Valores Éticos e Historia de la Filosofía—. Solo la primera será obligatoria en 1º de Bachillerato. El resto dependerán de cada comunidad autónoma. Es decir, un estudiante podría cursar la educación obligatoria y salir a los 16 años sin haber visto los fundamentos que estructuran el pensamiento occidental, desde los clásicos hasta Marx o Sartre.

“Significa la muerte de la riqueza más grande de un país, que es la cultura”

Emilio Lledó. Filósofo

“La idea general, que es errónea, es que la filosofía te enseña a pensar. A pensar puedes aprender con otras materias. Pero de la filosofía emana el pensamiento crítico, que es el que sustenta la democracia. Tenemos el derecho a votar porque se nos considera críticos y autónomos”, reflexiona Mesa en el descanso entre clases. Preside la Asociación de Profesores de Filosofía de Madrid, que se ha movilizado en la comunidad, igual que han hecho otros docentes en el resto de regiones aunque con logros desiguales. Cantabria y Andalucía se han comprometido a recuperar la asignatura como obligatoria en 2º de bachillerato en la parte del currículo que diseñan las autonomías.

Los profesores de Filosofía han recibido también el apoyo de instituciones como la Sociedad Española de Historia de la Medicina, que consideró “indiscutible el carácter formativo de esta materia dentro de la historia de la cultura occidental”. Su causa se ha hecho viral. Una carta al director en este diario titulada La belleza de las humanidades logró 200.000 recomendaciones en Facebook. “A partir del próximo año, la filosofía desaparece de 2º de Bachillerato, y se entierra en el oscuro baúl donde fueron desterradas sus hermanas música, pintura, literatura, historia, retórica, etcétera”, señalaba el texto del lector Pedro Argüellol.

“Sentí una tristeza profunda, porque esta medida forma parte de una concepción de la educación que no comparto”, relata Silvia Vela Arrans, de 46 años, que enseña en el instituto Margarita Salas de Majadahonda (Madrid). “Pero no afecta solo a la Filosofía, sino a las asignaturas que ayudan al alumno a crear: a las Artes Plásticas, a la Música”, prosigue.

Apuntes de Historia de la Filosofía de uno de los alumnos del IES El Espinillo de Madrid. / SAMUEL SANCHEZ (EL PAÍS)
Los docentes critican que su materia ha sido una asignatura maltratada en todas las leyes educativas españolas. Y van siete. Pero añaden que nunca había quedado tan minimizada como en esta última. “Es el recorte más fuerte de todas las reformas educativas de la democracia”, asegura Antonio Campillo, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia, presidente de la conferencia de decanos y de la Red Española de Filosofía, que agrupa a las 24 facultades y 40 asociaciones.

Para Campillo, la clave de la reforma está en que el Gobierno quería reforzar la Historia de España como obligatoria en todas las comunidades y sacrificó la Filosofía. “Las materias básicas no se aprenden en un año, se estudian en ciclos formativos. Los alumnos necesitan un recorrido mínimo”, explica este profesor que enseña desde 1979. “Incluso en el terreno de la educación instrumental, enseña a expresarse, a hablar. Por eso las escuelas de negocios se han dado cuenta de que un economista o un ingeniero necesitan las humanidades”.

“De la filosofía emana el pensamiento crítico, que es el que sustenta la democracia”

Enrique P. Mesa. Profesor de Filosofía

Durante la tramitación de la LOMCE ha habido numerosos encuentros entre representantes de los profesores y del ministerio, con escasos avances. Esperanza Rodríguez, profesora del Instituto Margarita Salas y presidenta de la Comisión de Educación de la Red Española de Filosofía, ironiza: “He estado en todas las conversaciones, ya me gustaría que hubiesen sido negociaciones”. “Cada vez irán saliendo menos plazas, de hecho, los dos últimos años no ha habido”, prosigue Rodríguez, que aprobó la oposición con 26 años y enseña desde hace 20. “Algunos seguiremos enseñando Filosofía, otros darán asignaturas afines y muchos tendrán que compartir centros. Pero creo que es sobre todo una pena para los alumnos. La adolescencia es una edad estupenda para hacerse preguntas. La filosofía les lleva a enfrentarse a nuevas inquietudes, a hacerse más adultos. Y eso requiere tiempo y ayuda”, reflexiona esta docente.

“No afecta solo a la Filosofía, sino a asignaturas que ayudan a crear: las Artes Plásticas, la Música…”

Silvia Vela. Profesora de Filosofía

Emilio Lledó (Sevilla, 1927) es miembro de la Real Academia, premio princesa de Asturias de Humanidades y una referencia del pensamiento en España. Pero a este hombre sabio siempre le ha gustado definirse como un profesor de Filosofía y ha dedicado toda su vida a la enseñanza. “Lo que está ocurriendo está dentro de esa misma tendencia pragmatoide, de obsesión con lo inmediato”, explica. “Eso significa la muerte de la riqueza más grande un país, que es la cultura, porque ahí residen su libertad. La filosofía ocupa una función esencial, porque nos obliga a pensar sobre la lengua, sobre el bien, sobre la justicia, sobre lo que somos, sobre la verdad. Desde los griegos, los filósofos siempre han sido la conciencia crítica de una época”.

Las diferencias entre estudiar Ética o Religión

Con la LOMCE, la nota de Religión vuelve a contar para la media en el expediente. En Madrid, las matrículas de esta asignatura se han disparado un 150% porque la otra opción —Valores Éticos, impartida por profesores de Filosofía— es más ‘hueso’. Preguntado por este asunto, el ministro de Educación, Iñigo Méndez de Vigo, consideró recientemente “muy importante” que los alumnos salgan de la escuela “con unas agarraderas religiosas, sociales o éticas”.
El decano de Filosofía de la Autónoma de Madrid (UAM), Antonio Cascón, lo ve distinto: “Me parece que estamos en el territorio de la barbarie, en los tiempos en los que vivimos de racionalidad y avance, la religión debe ocupar otra parcela. Que avance en detrimento de la filosofía define bastante hacia donde quieren nuestros dirigentes que camine esta sociedad”.
José Luis Mora, del Departamento de Antropología social y Pensamiento Filosófico Español de la UAM, añade: “La filosofía debe construir mentes abiertas, no puede ser una alternativa a la religión, los centros de enseñanza son el espacio público de la razón. Lo contrario es volver al siglo XVIII”.
http://politica.elpais.com/politica/2015/10/02/actualidad/1443800282_346551.html

Para muchos habrá sido una excelente noticia. “Por fin han arrinconado de una vez al muermo de la Filosofía”, se habrán dicho con esa íntima satisfacción que se produce cuando los que deciden han subsanado un antiguo disparate. Hay dos argumentos que utilizan quienes celebran marginar a Platón, Kant, Nietzsche y compañía de las aulas —la LOMCE ha reducido sus contenidos sustancialmente: ya solo es obligatoria la Filosofía en 1º de Bachillerato—. Uno es visceral: no hay quien soporte tanta cháchara conceptual, son aburridos. El otro es pragmático, y viene a decir que cuanto pensaron y escribieron no sirve para nada, es absolutamente inútil.

Ni uno solo de los políticos y pedagogos que ha participado en esta aberración reconocerá jamás que ha colaborado en mandar a la Filosofía al purgatorio porque la consideran tediosa. Pero serán muchos los que estén encantados de haber defendido la otra razón.

Las cosas están muy mal, sentencian en ese caso: los chavales no encuentran trabajo ni locos, y eso que cada vez estudian más y tienen más deberes, lo que ocurre es que este país se anda por las ramas, los masacran con las humanidades que no tienen futuro y no les dan herramientas para que sean de verdad competitivos en el mercado, no saben inglés, van dando traspiés con las nuevas tecnologías, viven de espaldas a los cambios de las costumbres, etcétera. Conclusión: acabemos con la Filosofía.

No hace falta ser un lince para llegar a la conclusión de que no tiene ningún sentido fabricar filósofos si lo que el mercado reclama son informáticos, médicos, ingenieros, electricistas, panaderos o, pongamos por caso, trapecistas. Todo el mundo sabe, además, que con el cogito ergo sum de Descartes no se arregla una cañería. Pero no es esa la cuestión. Lo que importa es que haya un plan. Y con siete leyes de educación no universitaria en los últimos 35 años una única conclusión se impone: los políticos de este país no saben lo que quieren.

O lo saben demasiado bien: servirse de la educación para la greña ideológica, para favorecer intereses gremiales, para ganar votos o para hacer patria. Lo que se olvida con demasiada frecuencia es que, durante esos años decisivos, los estudiantes no solo aprenden unas materias sino que se forman como personas. Y en esa formación hay dos cuestiones que los educadores deberían cuidar con especial esmero: que construyan sus propios criterios y que aprendan a disfrutar. Vaya, que cultiven el espíritu crítico y que sean creativos. Que lean y que piensen, que discutan, que le encuentren la gracia a un cuadro o a una sinfonía. Si no lo han hecho antes, y no lo hacen entonces, están perdidos. Ningunear la Filosofía es un mensaje contundente. Viene a decir que a esta ley le importa poco ocuparse del lado inútil de la formación: el que nos permite tener criterio, ideas, afán crítico, curiosidad. Cierto que pueden servir otras asignaturas. Pero la eficacia de la Filosofía en estos menesteres viene acreditada de lejos. ¿Por qué despreciarla ahora? Ahora, cuando tanta falta hace.

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