Archivos para el mes de: noviembre, 2016

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25-de-noviembre
La violencia de género ha sido, y sigue siendo en muchas partes del mundo, un delito oculto, invisible. La consideración de que las mujeres son objetos de propiedad de los varones de la familia, y por extensión de todos los varones, y que deben estar sujetas a ellos, obedecer, mantenerse en la sombra, cubrir las necesidades y satisfacer los deseos de ellos es la regla de oro del patriarcado. Si el poder es masculino, la capacidad de corregir y castigar también es de ellos. La violencia explícita o la amenaza de recurrir a ella se utilizará como una forma de control sobre la vida de las mujeres, y ese miedo se transmitirá de generación en generación. El “aguanta, ya sabes como son los hombres” ha sido durante largo tiempo un consejo de muchas madres a sus hijas, como una forma, quizás, de prevenirlas sobre las consecuencias todavía más graves si se atrevían a desobedecer, quejarse o intentar apartarse de ellos.

Ese recurso a la violencia está presente en todos los países del mundo, si bien es cierto que en aquellos donde los derechos de las mujeres no están siquiera contemplados formalmente su situación es verdaderamente desesperada. Cualquiera puede comprobar con solo un vistazo en los libros de historia como desde tiempos inmemoriales tanto las voces autorizadas (grandes sabios, pensadores, científicos , literatos, religiosos, etc.) como las populares (repasemos refraneros, cuentos infantiles, leyendas tradiciones, …) transmitían estas ideas de desprecio hacia ellas y sus derechos, alimentando un cuerpo de creencias misógino perverso y letal.

Sin embargo, si algo caracteriza la lucha feminista es su tenacidad. Es un hecho incuestionable que, a pesar de todos los inconvenientes, obstáculos y palos en las ruedas, nunca se han dado por vencidas. Siempre hubo voces transgresoras, luchadoras que, de manera solitaria o colectiva, defendían, y defienden, la dignidad y el derecho a una vida plena de todas las mujeres, todas sin excepción. Uno de estos derechos fundamentales es el de la educación. Alcanzarlo ha sido, y sigue siéndolo en otros lugares del planeta, un proceso lento y difícil. El concepto tradicional de feminidad ha estado reñido con el deseo de aprender más allá de lo relacionado con las tareas del hogar, y ya no digamos de aplicar estos nuevos conocimientos al ámbito público.

Sin embargo también en este campo la tenacidad dio sus frutos. Hoy en día es una evidencia que tanto en el Estado Español, como en la casi totalidad de los países de nuestro entorno las chicas ya son mayoría en los estudios superiores (aunque también es cierto que persiste la discriminación horizontal, de la que quizás podamos hablar en otro momento). Ciertamente, la presencia de mujeres en las aulas como alumnas y paulatinamente como profesoras comprometidas con los valores feministas, ha ido modificando el escenario cotidiano de las universidades, así como ha promovido e impulsado la consolidación de los estudios de género, de gran vitalidad y reconocido prestigio, que han hecho posible una revisión crítica de buena parte de los saberes tradicionales, aportando, entre otras cosas el análisis diferencial entre sexo y género, y la necesidad de la introducción de la variable género como parte fundamental para la construcción del conocimiento.

Estos estudios han enriqueciendo los contenidos, impulsando nuevas líneas de investigación y formando a nuevas generaciones de profesionales que podrán contar con herramientas más útiles para enfrentarse a las complejas realidades sociales. No ha sido fácil, se nos ha tachado de poco científicas, o de querer construir guetos (curiosa manera de denominar grupos de investigación que se caracterizan precisamente por su transversalidad y multidisciplinareidad), pero nuevamente la tenacidad va dando sus frutos, aunque siempre con un cierto grado de sufrimiento y a menudo de desencanto ante determinadas reacciones.

Entre estos contenidos nuevos están precisamente los relacionados con la violencia de género. El reconocimiento de este tipo de violencia como estructural permite pasar del análisis de lo privado a lo público, a lo social y a lo político. Conocer los mecanismos de control sexista, las diversas formas de violencia, investigar las posibles tipologías, explorar los modelos explicativos, adentrarse en las raíces más profundas de este cuerpo de creencias que justifica la dominación de la mitad de la humanidad, penetrar en el sufrimiento de las víctimas, descubrir sus mecanismos de supervivencia, en fin todo esto y mucho más se convierte en básico para poder, a su vez, plantearnos en un futuro difícil de precisar la erradicación de lo que viene siendo ya descrito como una de las más graves lacras sociales mundiales, que inflinge sufrimiento, miedo y muerte, frena el desarrollo de los pueblos, perpetua situaciones de injusticia social y de pobreza, atacando los valores fundamentales de las sociedades democráticas.

Con todo lo dicho, pretendo hacer hincapié en la necesidad de una formación científica sólida, que conforme perfiles de personas expertas en el tema, huyendo del amateurismo y de aquellos/as que, recién llegados al tema, y comprobando que hoy por hoy son ya cuestiones emergentes que ocupan un cierto protagonismo social y académico (porque en los tiempos difíciles evidentemente no estaban) confunden opinión con formación, creyéndose suficientemente preparados /as para autoproclamarse aptos/as para lo que convenga. Si una formación deficiente es peligrosa siempre, en un tema tan sensible y que toca tantos mimbres como la violencia de género lo es todavía más. Es responsabilidad de las universidades asegurar unos contenidos coherentes, y marcar unos criterios de exigencia (como en cualquier otra disciplina, dicho sea de paso) avalados por las trayectorias investigadoras y docentes reflejadas en los curriculums académicos, que aseguren que la formación será impartida desde el conocimiento y la responsabilidad, fomentando la consolidación de equipos y apoyando a las personas jóvenes que quieran especializarse en estos temas.

La conmemoración del Día Internacional contra la Violencia de Género puede ser un buen momento para reflexionar sobre ello. Las universidades, mediante la correcta formación pueden, y deben, participar del proyecto colectivo de diseñar un futuro más justo para mujeres y hombres, comprometiéndose activamente contra la injusticia. Si buscamos la excelencia, busquémosla también en este tema.

P.-S.
Profesora titular Departamento de Psicología UIB

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1222

inspirándote en este artículo, escribe tu propia reflexión en torno al 25 de noviembre: día internacional contra la violencia contra la mujer

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“Pensar es como vivir dos veces.”(CICERON)

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Se trata de leer el artículo, hacer un breve resumen del mismo y emitir un juicio crítico al respecto.
Podría se algo así como:¿ Es la ciencia objetiva? ¿Se mueve siempre por intereses nobles y con miras al descubrimiento de la “verdad”?

PLAZO DE ENTREGA: EL DÍA DEL PRÓXIMO EXAMEN

Fraude científico
Casos de mala ciencia disparan la alarma social. Esto es lo que ocurrió con un estudio recogido en la revista médica The Lancet, que sugería una relación entre la vacuna triple vírica y el autismo. Al cabo de seis años el fraude queda al descubierto, pero el número de niños en Reino Unido sin vacunar aumentó durante ese tiempo. ¿Cómo evitar el fraude científico?
1 Definición y clases de fraudes científicos
En un sentido amplio, se considera como fraude científico todas aquellas desviaciones del método científico y de las normas éticas relacionadas con la actividad científica, es decir, con el planteamiento, desarrollo y publicación de la investigación científica, siempre con intención de engañar. Se incluyen como fraude científico tanto las faltas graves delictivas, que perjudican al cuerpo del conocimiento científico, como los casos menores, más bien faltas deontológicas, relacionadas con las malas prácticas en el proceso de publicación de la ciencia.
Los fraudes graves más corrientes son: la fabricación de datos, cuando los autores se inventan todos o parte de los datos del estudio (ejemplos: 4, 7, 8), la falsificación, cuando se proporcionan datos falsos o modificados de los datos reales existentes a fin de obtener resultados más favorables a las hipótesis de partida (ejemplos: 3,6,11), y el plagio, que es la apropiación de ideas de otros investigadores, presentándolas como originales.
Entre los fraudes menores se podrían citar: la autoría ficticia, cuando se incluye como autor de un trabajo a alguien que no ha contribuido al desarrollo del mismo (autoría regalada u honoraria), la publicación duplicada o autoplagio, que consiste en la publicación total o parcial de un artículo ya publicado previamente en otra revista, por los mismos autores y generalmente con otro título, la publicación fragmentada, cuando un trabajo de cierta entidad se trocea para publicarlo como artículos independientes en diferentes revistas, la publicación inflada, cuando se añaden más datos a un artículo previamente publicado, mostrando las mismas conclusiones.
También se considera mala práctica científica la incorrección en las citas bibliográficas, cuando se omiten citas relevantes o se copian citas de otros artículos sin consultarlas, arrastrando los posibles errores que pudieran contener, y el exceso de autocitas.
Hay que mencionar también la negligencia científica, esto es, la desviación de las normas metodológicas de la ciencia, que da lugar a resultados erróneos pero obtenidos sin intención premeditada de defraudar. Suele estar relacionada con la publicidad de los resultados de la investigación, presentada prematuramente y de forma sensacionalista en los medios de comunicación, antes de su publicación en las revistas científicas que cuentan con evaluadores, es decir, antes de que los resultados sean avalados por la comunidad científica (ejemplo: 1).

Habría que considerar también otros tipos de fraudes científicos por su gran repercusión en la sociedad, estos son: la pseudociencia, y la ciencia patológica, ambas basadas en teorías y metodologías que carecen de fundamento científico, pero con un fuerte componente de pensamiento mágico y supersticioso. Uno de los fundamentos del soporte popular dado a la pseudociencia es, precisamente, la validación subjetiva de la misma. Ejemplos serían la existencia de platillos volantes, la máquina del movimiento continuo, la astrología, la medicina alternativa (homeopatía, quiropráctica, aromatoterapia, acupuntura, donde no se han demostrado por métodos científicos los posibles beneficios de tales prácticas), la percepción extrasensorial (telepatía, clarividencia, telekinesia), etc.
En el caso de la ciencia patológica o “ciencia de las cosas que no son”, puede no haber intención de engañar, pero se transmiten resultados falsos considerados correctos sólo por efectos subjetivos, se podrían citar los rayos-N, los rayos mitogenéticos, el polyagua, etc.
Mención aparte merece la ciencia basada en creencias o intereses religiosos, cuando se consideran las creencias religiosas como evidencias científicas (ejemplos: 10, 12); caso de la Sábana Santa (ejemplo: 9), o de la ciencia de la creación, en contra de la teoría de la evolución, que intenta cambiar la biología para hacerla más acorde con la teología cristiana.
2. Motivos y causas del fraude científico
La ciencia se parece cada vez más a un negocio, por lo que el dinero tiene una gran influencia en el comportamiento científico, lo que puede haber propiciado la desviación del valor tradicional de la ciencia que es la búsqueda desinteresada de la verdad.
Además, el fraude científico se facilita tanto por la presión institucional ejercida hacia los científicos para conseguir ayudas y subvenciones, que se distribuyen principalmente para la investigación de excelencia, como por la excesiva competencia que les obliga a publicar mucho y siempre lo mejor, sin olvidar la presión personal para mejorar la carrera profesional y alcanzar el éxito. En las universidades más prestigiosas se dan con cierta frecuencia casos de fraude, precisamente donde la presión para publicar es mayor. Lo mismo ocurre entre los investigadores jóvenes en relación con los ya establecidos.
3. Fraudes científicos más frecuentes
A pesar de que el número de incidentes confirmados de mala conducta en ciencia es muy bajo comparado con la actividad científica total, la frecuencia puede ser mayor de la que se detecta. La falsificación de datos se considera el fraude más frecuente (40%), seguido de la fabricación (12%) y el plagio (5%).
El mayor porcentaje de fraude se aprecia en las ciencias biomédicas y relacionadas, como farmacología. Esto puede ser debido a las características particulares de estas disciplinas, en las que la variabilidad biológica (el hecho de que el mismo procedimiento llevado a cabo con dos organismos lo más idénticos posible, no llevará a los mismos resultados), puede proporcionar cierta cobertura para el fraude (ejemplo: 3). Además, surgen problemas de propiedad intelectual (patentes), sobre todo en la industria farmacéutica, donde se pone en juego gran cantidad de dinero (ejemplo: 2).
En el campo de la física es más difícil hacer prosperar el fraude debido a la facilidad de replicar los experimentos. Además, en las grandes instalaciones (“big science”) suele haber cientos de científicos trabajando en el mismo proyecto, lo que también puede frenar las malas prácticas científicas. No obstante se han detectado casos (ejemplo: 13)
4. Como evitar el fraude científico
La ciencia tiene la capacidad de auto corregirse, en el sentido de que cualquier falsedad introducida en el cuerpo del conocimiento científico será descubierta y rechazada; sin embargo, los experimentos en ciencia raramente son repetidos por otros científicos, así que se necesitan medidas activas de protección contra el fraude científico.
El procedimiento más utilizado para detectar el fraude es la evaluación de los artículos antes de su publicación, por medio de “peer review”. Sin embargo, este método no siempre es eficaz, y pueden pasar desapercibidos fraudes evidentes (ejemplos: 5, 10, 12). Los centros de investigación disponen de otros procedimientos para evitar el fraude, como el control sistemático de los experimentos registrados en los diarios de laboratorios, los escrutinios frecuentes del trabajo que se va realizando, etc. Las agencias financiadoras podrían imponer sanciones a los defraudadores y reducir las exigencias de promoción de los científicos, para disminuir la presión de publicar cuanto antes y mucho. Los estados podrían implantar programas educativos en las universidades que ayuden a fomentar la integridad ética de los investigadores.
En algunos países se han creado organismos para controlar el fraude, como el Office for Research Integrity (ORI), desde 1989, perteneciente al National Institute of Health, de EEUU. También en Alemania se creó en 1998 la Agencia Alemana de Investigación contra el Fraude (DFG). Muchas universidades en EEUU tienen un departamento que se encarga básicamente de detectar la mala conducta en ciencia.

5. Casos
Existe gran cantidad de bibliografía dedicada a las malas prácticas científicas. A continuación se exponen brevemente, a modo de ejemplos, algunos casos de mala conducta y fraude científico.
1. – Fusión fría. En 1990, Stanley Pons y Martin Fleischmann de la Universidad de Utah EEUU, no siguieron las normas comúnmente aceptadas de presentación científica. Las conclusiones de los experimentos de fusión fría fueron anunciadas en los medios de comunicación para reclamar la prioridad del descubrimiento, después de que la revista Nature rechazara el trabajo por considerar que no contenía suficientes detalles de los experimentos. La presentación pública evitó que los paneles de expertos pudieran comprobar los métodos utilizados y los resultados obtenidos.
2. – Robert Gallo, del National Cancer Institute, de Bethesda, EEUU, reclamó en 1984 la prioridad del descubrimiento del virus del SIDA y del test para detectar la enfermedad, para ganar notoriedad y prestigio, y, sobre todo, derechos por la patente. Esto le llevó a enfrentarse legalmente a Luc Montagnier, del Instituto Pasteur de París, quién demostró la verdadera paternidad del descubrimiento. Este caso fue objeto de fuerte polémica porque, al tratarse de investigaciones similares y paralelas llevadas a cabo simultáneamente, no resultó fácil aclarar la autoría de los descubrimientos.
3. – David Baltimore, Premio Nóbel de Biología, y ex presidente de Rockefeller University de EEUU, defendió, durante un largo proceso (1986-1991), el trabajo de su coautor quién falsificó sistemáticamente datos en un proyecto epidemiológico sobre SIDA, que fue presentado a la revista Cell.
4. – Jan Hendrik Schön, físico, trabajó en nanoelectrónica en los laboratorios Bell, de New Jersey, EEUU. Con 32 años logró 80 publicaciones en Science y Nature, cuyos resultados fueron imposibles de reproducir por otros investigadores. Se comprobó que el científico inventó o alteró datos en sus resultados por lo menos 16 veces entre 1998 y 2001.
5. – Alan Sokal, profesor de física de la New York Univesity, EEUU, publicó en 1996, en la revista Social Text, un texto completamente ininteligible y sin sentido, sobre mecanismos cuánticos y su conexión con el post-modernismo, origen de su libro sobre imposturas intelectuales. Pretendía poner en evidencia la falta de mecanismos de control en la citada revista.

6. – Friedhelm Herrmann y Marion Brach, trabajaron juntos desde 1990 en investigación contra el cáncer en el Max Delbrück Centre for Molecular Medicine de Berlín. Según una investigación del DFG (Agencia Alemana de Investigación contra el Fraude), llevada a cabo en 2000, se demostró que, al menos en 94 artículos, éstos investigadores manipularon y falsearon los datos.
7. – John Darse, especialista en cardiología de la Universidad de Harvard, EEUU, escribió cerca de 118 artículos entre los años 1980 y 1982, con la mayoría de los datos inventados. La Universidad ignoró el fraude y sólo tomó acciones contra él después de una denuncia del National Institute of Health.
8. – Andrew Wakefield, médico del International Child Development Resource Centre, de Londres, publicó en 1998 en Lancet un estudio que vinculaba la vacuna trivírica (sarampión, paperas y rubéola), con casos de autismo. Esto se demostró falso, cuando en 2004 se comprobó que el autor del estudio había cobrado 55.000 libras de una institución que quería querellarse contra los laboratorios que fabrican esas vacunas.
9. – El fraude de la Sábana Santa. En 1978, Juan José Benitez, periodista español, afirmó, siendo falso, que la NASA había aportado pruebas científicas que demostraban suficientemente el principal dogma de la Iglesia católica; la resurrección de Jesucristo. En 1988 la prueba del carbono 14, realizada simultáneamente en tres prestigiosos laboratorios, puso las cosas en su sitio y determinó el origen medieval del lienzo (siglo XIV), lo que echaba por tierra uno de los montajes más rentables de los años 70-80.

10.- Antonio Arnaiz Villena, jefe de inmunología del hospital 12 de Octubre de Madrid, escribió en Human Immunology, un artículo que fue retirado de la revista inmediatamente después de publicado, mediante una carta del editor rechazando el trabajo porque no tenía ningún valor científico. Demostraba que los palestinos tienen una fuerte correspondencia genética con los judíos y otros pueblos de oriente medio. Las citas que ofrece como fuentes para apoyar su teoría son casi todas autocitas, o citas de la Biblia, o de otras fuentes sin ningún valor científico. Este artículo pasó los filtros de evaluación de la revista.
11. – La multinacional farmacéutica Merck fue denunciada por fraude científico por Josep Laporte catedrático de Farmacología Clínica de la Universidad Autónoma de Barcelona y jefe de Farmacología del Hospital Valle de Hebrón, en relación con dos medicamentos antiinflamatorios producidos por dicha multinacional. Laporte publicó, en 2003, un artículo en el que confirmaba científicamente los riesgos de toxicidad de dichos productos. Se enfrenta actualmente a una demanda planteada por la multinacional.
12. – Baltasar Rodríguez Salinas, catedrático jubilado de Análisis Matemático de la Universidad Complutense de Madrid, escribió un artículo, en 2003, en la revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de España, en el que prueba mediante formulación matemática la existencia de Dios y compara los resultados con los cinco argumentos de la Summa Teológica que aluden a la divinidad. Una evaluación posterior del artículo concluye que todo es pura fantasía, impregnada de mística cristiana.
13. – En 1999, investigadores del laboratorio Lawrence Berkeley National Laboratory, de EEUU, publicaron en New Scientist el descubrimiento del elemento 118 (el átomo más pesado conocido hasta entonces). Más tarde, varios grupos de investigadores alemanes y japoneses intentaron replicar el experimento y fracasaron. Se descubrió que uno de los 15 científicos que formaban parte del proyecto inicial fabricó los datos iniciales.


“A finales del siglo XVII se aplica la teoría newtoniana al estudio de los cometas, cuerpos celestes tradicionalmente considerados misteriosos por sus apariciones aparentemente irregulares. La teoría es compatible tanto con que los cometas describan elipses muy excéntricas (con los focos muy separados) como con que describan parábolas; en el primer caso el astro pasa varias veces por una misma región, en el segundo no. En 1682 se produjo la visita de uno de esos cometas, y Halley, entre otros, observó y anotó cuidadosamente los datos del mismo. Halley defendía la hipótesis de que al menos ese cometa era de órbita elíptica y, por tanto, recurrente. Repasó los datos astronómicos disponibles de los 150 años anteriores, con más de veinte visitas de cometas, y vio que al menos en dos casos (1530 y 1606) podría tratarse del mismo cometa. Sobre la base de esos datos predijo que, si no ocurría nada extraño (p.ej. que su trayectoria se viera afectada por la presencia de un astro cercano), el cometa aparecería nuevamente a finales de diciembre de 1758. El día de Navidad de 1758 apareció efectivamente de nuevo un cometa en el cielo visible, que se identificó con los anteriores y que desde entonces lleva su nombre. El episodio se consideró una validación no sólo de la hipótesis sobre la órbita elíptica del cometa sino también, en general, de toda la teoría newtoniana.”

Ejemplifica las etapas de la metodología científica a través del episodio descrito en el vídeo y en texto (1. Planteamiento del problema, 2. Formulación de hipótesis, 3. Deducción de consecuencias a partir de la hipótesis formulada, 4. Contrastación de la hipótesis y 5. Obtención de resultados).

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