He salido de la casa de los eruditos y he dado un portazo al salir. Demasiado tiempo estuvo sentada a su mesa mi alma hambrienta: no he sido entrenado, como ellos. a cascar el conocimiento como quien casca nueces. Amo la libertad y el aire sobre la tierra fresca: prefiero dormir sobre pieles de buey que sobre las dignidades y las respetabilidades de los eruditos. Soy demasiado ardiente y estoy dem…asiado quemado por mis propios pensamientos: con frecuencia me dejan sin respiración. Entonces tengo que salir al aire libre, lejos de los cuartos llenos de polvo. Ellos, en cambio, se sientan fríamente entre las sombras frías:  quieren ser meros espectadores de todo y se cuidan muy bien de sentarse donde el sol queme los escalones… Cuando se las dan de sabios, sus pequeños dichos y verdades me hacen estremecer: su sabiduría despide con frecuencia hedor a ciénaga… Son hábiles y tienen dedos astutos: ¿qué es mi simplicidad en comparación con su diversidad? Sus dedos entienden a la perfección de hilar, tejer y anudar: ¡así tejen los calcetines del espíritu! Se vigilan el uno al otro con ojo agudo y no confían como podrían el uno en el otro. Son hábiles para inventar pequeñas astucias y esperan al acecho a aquellos cuya voluntad renguea, esperan al acecho como arañas… También saben cómo jugar con dados cargados; y los he visto jugando con tanto ardor que hasta sudaban. Somos extraños el uno para el otro, y sus virtudes se oponen más a mi gusto que sus falsedades y dados cargados. Y cuando vivía entre ellos, vivía por encima de ellos. Por eso se enojaron conmigo. No querían enterarse de que alguien caminaba por encima de sus cabezas; por eso colocaron madera y suciedad y basura entre sus cabezas y mis pies. Así ahogaron el sonido de mis paso; y, desde entonces, los más eruditos son los que peor me escuchan… Pero, a pesar de esto, camino con mis pensamientos por encima de sus Cabezas; y aunque caminase sobre mis propios errores, continuaría estando por encima de ellos y de sus cabezas. Porque los hombres no son iguales: así habla la justicia. ¡Y ellos no pueden desear lo que yo deseo! F Nietzsche .
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